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Catedral de San Miguel, al oriente de la capital salvadoreña, desde donde se irradia el patronazgo de la Santísima Virgen María, Reina de la Paz, para todo El Salvador.


La fe y confianza depositadas en la Virgen de la Paz, vive desde que llegó a nuestras playas, con fuertes raigambres, en el alma del pueblo salvadoreño y especialmente en el migueleño, y no han quedado frustradas. Veámoslo.

1. El 21 de septiembre de 1787, -105 años después del hallazgo- el volcán Chaparrastique entre grandes y espantosos temblores de tierra y tempestuosas tormentas, hizo una de sus más formidables erupciones.

La lava ardiente casi llegaba a la Ciudad, amenazando su inminente destrucción. Angustiados los vecinos, se congregaron en la plaza principal, junto a las autoridades locales, sacerdotes y religiosos franciscanos y mercedarios, quienes infundían confianza al afligido pueblo, exhortándolo a pedir a Dios misericordia con arrepentimiento de los pecados y a invocar la protección maternal de la Virgen de la Paz.

Decidieron en clamor unánime sacar la imagen de Nuestra Señora de la Paz a la puerta principal de la antigua Iglesia parroquial. Y colocada que fue frente a las fuerzas volcánicas, al aparecer la sagrada Imagen, al grito de “Sálvanos Reina de la Paz”, la lava inmediatamente tomó otro rumbo buscando al sur de la Ciudad; cubrió grandes extensiones de tierras fértiles, a la vez que gran parte de la laguna El Jocotal.


Refiérese históricamente que después de efectuarse el portentoso milagro que se acaba de relatar, en el límpido cielo se dejó ver con toda la claridad una bellísima palma formada por blancas nubes, cuyo pie fue a posarse en el inmenso cráter del turbulento volcán.

Tan admirados quedaron quienes vieron aquella magnífica señal, que el pueblo optó por colocar en la diestra de la Sagrada Imagen, una palma de oro en conmemoración de aquel acontecimiento que la tradición se ha encargado de hacer prevalecer como algo notable, asombroso y único en estas latitudes.

La Corporación Municipal, con distinguidos vecinos de la Ciudad, religiosos franciscanos y mercedarios, en nombre del pueblo agradecido formularon y juraron estos votos a su Patrona: 1º. Celebrar a perpetuidad, todos los años, la conmemoración del portentoso milagro; 2º. La víspera del 21 de septiembre ayuno de todo el pueblo, rigurosos, hasta los niños de pecho, en señal de penitencia y mortificación voluntarias.

2. El jueves 25 de junio de 1903, entre cinco y seis de la tarde, un estruendo conmovió a la ciudad de San Miguel. Un rayo fulminó sobre la cúpula de la Iglesia de San Francisco, templo santuario de nuestra Patrona e iglesia parroquial.

La chispa sólo produjo incendio que comenzó en el camarín de la Virgen, quemando las vestiduras de la Imagen, ennegreciendo y ampollando el retoque, sin dañar las perfecciones escultóricas.

La lluvia arreciaba y el huracán amenazaba a la ciudad. Las descargas eléctricas consecutivas embargaban los ánimos. Las fuerzas huracanadas derribaron árboles y los tejados de las casas eran arrancados por la violencia de la tempestad.

Pronto se supo la noticia de la desgracia, y no obstante que por las calles se hacia difícil transitar, el momento llenose el templo de fieles. La consternación era general.

Se llamo al mejor escultor guatemalteco, D. Cipriano Dardón para restaurar la Imagen. Con ese fin se la llevó en procesión de desagravio de la Iglesia parroquial a la de Santo Domingo, llevando la Imagen y el Niño cubiertos el rostro, en medio de una manifestación impresionante. El trabajo lo hizo el escultor en la sacristía de este último templo.

Después de casi tres meses, fueron entregadas las imágenes, siendo conducidas en solemne procesión a la Iglesia parroquial, en recorrido por céntricas calles, entre delirante entusiasmo, estallido de petardos y músicas marciales.

3. La Catedral-Basílica, Santuario Nacional de la Patrona de El Salvador.

El 21 de noviembre de 1862 el Capitán General Gerardo Barrios, natural del departamento de San Miguel, colocó la primera piedra de la actual Catedral, santuario que guarda a la Patrona de la Nación.

Para llevar a cabo su construcción, a las “Entradas Dominicales” existentes ya antes de iniciarse los trabajos, y al trabajo gratis que ofrecían los albañiles dando uno y más días de trabajo, se agregaron –en 1914- las “Entradas anuales” que se verifican entre el 21 y 8 de septiembre con participación de todos los Barrios de la Ciudad, como agradecimiento por la liberación de la erupción del Chaparrastique. De esta forma se terminó la obra con buen resultado económico.

Por fin el 21 de noviembre de 1962, justamente cien años después, se abrió el templo, orgullo de los migueleños, siendo Obispo de la Ciudad Mons. Miguel Ángel Machado.

La imagen se trasladó desde su primer templo –la Iglesia de San Francisco-. En un altar de mármol de Carrara, luego la Virgen de la Paz toda su belleza escultórica y toda su Realeza de Madre de Cristo. Numerosos vitrales con bellos paisajes bíblicos realzan su belleza.

En la parte exterior lucen en mármol las estatuas del Capitán D. Luis Moscoso, fundador de la ciudad y la del Capitán General Gerardo Barrios, iniciador de los trabajos de la Catedral.

Con ocasión del Congreso Eucarístico Nacional en 1942, S, S, Pío XII dirigiéndose al pueblo salvadoreño, exclamó “que Nuestra Señora de la Paz os coloque a todos bajo el amparo del simbólico ramo en su Iglesia de San Miguel alza en su mano derecha y cuyo nombre amaríamos ver proyectado sobre el mundo entero”.

Que María, La Madre Dios otorgue al Pueblo Salvadoreño, sobre todo a aquellos que ahora atraviesan momentos difíciles, la paz para poder reconstruir el sendero de la vida.

2 han comentado el artículo.

  1. ARCENDO Dijo:

    A Ella, a la Madre rezamos con fuerza por todos los necesitados, tanto material como espiritualmente.
    SALUDOS.

  2. Gracias hermano Arcendo por su visita y comentario, y sí, efectivamente, nuestra Madre nunca nos deja y hoy en medio de tanta tristeza de algunos salvadoreños, ella está allí, dando esa esperanza,recordándonos que a pesar de lo oscuro que a veces parezca el Plan de Dios,al final siempre es un plan que ilumina y libera.

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