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El niño que ha nacido es el mismo que va a resucitar. De que serviría celebrar el nacimiento del niño Jesús en el hoy de la historia, si al final está condenado a lo que naturalmente lleva el ciclo biológico, a la muerte; si el nacimiento de Jesús fuese un nacimiento más, lo que en el futuro se vislumbra es sólo la muerte, pues por ley natural todo lo que nace, se desarrolla, lo que se desarrolla, muere. Seríamos "seres para la muerte" como alguien dijo, pero es aquí donde está la novedad del nacimiento de Cristo, su venida es como la de todo ser humano, el hacerse carne revela la naturalidad de su venida, pero como es Dios, también manifiesta el sentido de la vida y de la muerte. Jesús se hace ser humano, sí, pero una vez que vive como tal, y muere también como tal, hace que dicha vida y muerte se abran a un dimensión más profunda: la naturaleza humana en Cristo, no ha sido aniquilada, más bien ha sido elevada. No es que Dios al hacerse carne sea una especie de ser humano a parte, o una especie distinta; no, Él es verdadero hombre, y por ser verdadero ser humano, nace como ser humano, se desarrolla como ser humano, vive como ser humano y muere como ser humano, pero también es verdadero Dios, y he aquí que puede vencer a la muerte, no por ser hombre, sino por ser Dios, pero resucita porque ha muerto como hombre. Como vemos, tanto la humanidad y la divinidad se hacen presentes en Jesús, la primera siendo elevada por la segunda y la segunda elevando a la primera, es lo que ha vendió a llamarse las acción teándrica de Jesucristo.

Por eso, al contemplar a Cristo que se hace niño, contemplamos la cercanía de Dios que ha querido compartir nuestra condición, ya lo dice la misma Sagrada Escritura: Nuestro sumo sacerdote no se queda indiferente ante nuestras debilidades, pues ha sido probado en todo igual que nosotros, a excepción del pecado (Hebreos 4, 15), esto ya era una gran delicadeza del Padre, pero no se queda ahí, no sólo ha querido compartir, ha querido también elevar; no sólo ha querido acercarse, ha querido también darnos capacidad para acercarnos; no ha querido solamente experimentar la humanidad haciéndose humano, también ha querido que el ser humano experimente la divinidad divinizándose. En Cristo que nace, Dios nos habla con el lenguaje de la identificación, leguaje que se da por amor. Él se identifica con el ser humano, pero no sólo para estar con el ser humano, sino para elevar aún más la gran dignidad del mismo ser humano, por eso se encarnó, como cualquier ser humano; vivió experimentando lo de un ser humano, pero llevando esa experiencia a un nivel superior, al nivel de la plenitud de la vida. La fiesta de Juan dentro de la Octava de Navidad y las palabras del evangelio de hoy, 27 de diciembre, nos quieren hablar de ello, Cristo que nace para realizar su obra, venciendo el sin sentido de la vida y de la muerte natural del ser humano, con su resurrección.

2 han comentado el artículo.

  1. Angelo Dijo:

    Por mucho que lo contemple y me lo expliquen, no lograré más que captar un rayito de luz, pero confío en que un día viviré plenamente el gozo de la Navidad en todo su sentido y explendor, junto a los verdaderos protagonistas.
    Un abrazo

  2. ARCENDO Dijo:

    Feliz NAVIDAD, que ese NIÑO de LUZ, nos ilumine a todos y que nosotros sepamos reflejar con fidelidad la LUZ Y EL CALOR que nos regala su AMOR.
    ABRAZOS.