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En aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo. Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria. Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen. José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada. (San Lucas 2, 1-5)

Dios actúa de modo humilde, lo hemos venido diciendo en todo el Adviento, ese es el modo divino. ¿La razón?, Dios no busca imponerse sino proponerse. El relato de Lucas es elocuente en este sentido. Dios es el Creador del tiempo y del espacio, es Señor de la historia, aún cuando esa historia vaya en contra de sus mandatos, Él va poco a poco dilatando su señorío, su plan al final se va cumpliendo. Podríamos preguntarnos ¿Era la intención del emperador Augusto cumplir las profecías que anunciaban que el niño nacería en Belén? ¿Hizo aquél censo con la intención real y directa o indirecta que la profecía se cumpliera?. Quizás la respuesta sea un tremendo no, las intenciones del emperador al decretar el censo buscaban intereses personales, intereses del imperio, intereses militares. Como vemos, intereses humanos, pero he aquí la exquisitez de la acción divina, en medio de esos intereses humanos, a veces tan egoístas y materialistas, Dios realiza el interés divino, que no es otro cosa que el interés auténtico por el ser humano, ese que a veces nos hace falta a los mismos seres humanos, pues pensando que nos interesamos por nuestra humanidad, a veces nos estamos olvidando de ella al ir en contra de su naturaleza, verdad y dignidad.

El texto de Lucas es de una actualidad impresionante, hoy también muchos y muchas se mueven en la vida por sus intereses mezquinos, limitados, demasiado materiales, basta ver el asfixiante bombardeo publicitario invitando a consumir, consumir y consumir, hasta se han atrevido a llamarle para esta época al consumir un compartir. Pero, ¿realmente compartimos?, qué es lo que buscamos cuando damos algo a los demás, ¿darnos o que ellos después se nos den?. Sin duda, es bueno comprar y dar, pero no basta solo dar, es necesario saber dar, dar con amor, sin ningún interés más que el de promover al otro.

En la lectura evangélica de la Santa Misa del Día de Navidad escucharemos que el apóstol Juan nos dirá: La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció (San Lucas 1, 9-10). Dios se da pero su donación no busca su ser, sí busca su interés, pero su interés, como se ha dicho, es el interés por el ser humano. Aún cuando nosotros le rechazamos y no le queramos reconocer, Él sigue dándose. Su darse no es un darse para ganar en primer lugar adoración, sino para dar exaltación. La Encarnación de Dios no busca en primer lugar adoración por parte del ser humano, sino que el ser humano le conozca, para que conociéndole le ame, amándole, le sirva y sirviéndole se exalte su dignidad, y exaltando su dignidad adore a Su Dios. Es lo ocurrió con el itinerario espiritual de los pastores de belén, ellos logran reconocer la voz de Dios en la voz de el ángel, cuando llegan al pesebre logran reconocer a Dios en la humildad y ternura de un bebé recién nacido, es la pequeñez de Dios que se hace presente en la pequeñez del ser humano, para exaltar su dignidad. Luego, los pastores le adoran, una vez se dan cuenta de quién está delante de ellos, una vez se dan cuenta que es por ellos y por todos que Dios se ha hecho presente en la historia, ellos le adoran y se dedican a compartir la Buena Nueva. Lucas dice: Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido (San Lucas 2, 20).

No hay en ellos más que alegría, sentido, deseos de compartir todo aquello que han experimentado; he aquí que el compartir no se queda en un simple dar, sino en un dar a partir de la experiencia del amor de Dios, que se les ha mostrado, que se ha hecho presente, y que en medio de la indiferencia del ser humano, sigue interesándose por el ser humano. Dios podrá estar casi abandonado en el pesebre, pero nunca el ser humano estará casi acompañado, sino plenamente acompañado por su Redentor.

Aún cuando muchos y muchas sigamos empeñados en posponer el plan de Dios, su plan continúa desarrollándose, aún cuando nuestros intereses sean otros, no los de Dios, su interés por nosotros continúa. Ojalá no le dejemos con “el regalo en sus manos”. Que todos y todas pasen una maravillosa y feliz Navidad.

3 han comentado el artículo.

  1. !Qué sorpresa más agradable tener su visita muchos más. Gracias
    Yo también le deseo una FELIZ NAVIDAD y que su evangelización llegué a muchos más.
    Reciba mi ternura
    Sor.Cecilia

  2. Angelo Dijo:

    Que la luz de Cristo , nos ayude a llevarlo a todos los rincones del mundo. Feliz Navidad. Un fuerte abrazo

  3. ¡Feliz y santa Navidad!