El niño Samuel va donde Elí para ver el porqué de su llamada, Elí le dice a Samuel que no lo ha llamado. Los seres humanos estamos representados en Samuel, un niño que sirve en el templo, somos niños ante la voz Eterna del Padre, siempre necesitamos de la ayuda de otros para poder descubrirla, pues por nuestras solas fuerzas solo logramos distinguir la voz de los hombres, representada aquí en la conciencia de la voz de Elí que tiene Samuel y que piensa que es la que le llama. ¿Cuántas veces no nos ha pasado también a nosotros? Es Dios quien “habla” y seguimos pensando que son los seres humanos los que nos llaman. Pensamos que la naturaleza nos habla y nada más que ella, que no hay más que eso. Somos incapaces de distinguir la voz de Dios, confundimos con facilidad la voz de los hombres con la misma voz de Dios. Lo cierto es que Dios habla por medio de una voz humana, histórica, presente en la naturaleza que nos rodea pero la novedad de esta voz no está en las mediaciones que utiliza para hacerse cercana sino en el origen de la misma, es cierto que se manifiesta con los elementos propios de la naturaleza, de lo histórico, de lo humano, pero su contenido y origen es de un nivel infinitamente superior. Necesitamos pasar de la conciencia de la voz humana a la conciencia de la voz divina presente en lo humano, histórico y natural. Dios habla al ser humano es el humano que, no es que no le escuche en muchas de las veces, sino que a veces es incapaz de darse cuenta de esa voz divina en su vida.
La voz de Dios, no nos cofundamos, está allí presente en la calle, en la casa de al lado, en el acontecer de nuestra sociedad, está allí, pidiendo de nosotros, una “respuesta” como la de Samuel, una respuesta que implique la propia vida. A veces buscamos la voz de Dios en otro sitio, es importante saber que él nos habla en lo humano, histórico y natural pidiendo la respuesta del ser humano, capaz de comprometerse con esa humanidad, con esa historia, y con esa naturaleza por medio de las cuales le habla.
1ª CORINTIOS 6,13c-15a.17-20
Huid de la fornicación. Cualquier pecado que cometa el hombre queda fuera del cuerpo. Pero el que fornica, peca en su propio cuerpo. La sexualidad no se entiende por sí misma, vivida desde y con egoísmo afecta la propia persona, solo cuando se vive de cara al otro en donación de amor hace bien a la propia persona, o sea, la clave no está en experimentar los impulsos sexuales sino en ordenarlos a la donación, no dejándolos reducidos a la simple espontaneidad, es decir, a lo que salga. La sexualidad no es un tabú del cual no hay que hablar; eso sí, es un tema que hay que saber tratar. No es que no se deba vivir sino que conviene saber vivir. No tiene porqué alejarnos de Dios sino acercarnos a él. El cuerpo, lo dirá también el apóstol, es “templo del Espíritu Santo”, por lo mismo, ¡cómo puede ser malo si hasta el mismo Espíritu Santo habita en él!, no es el cuerpo el malo, malo es el modo en como lo utilizamos y él para qué lo deseamos.
SAN JUAN 1, 35-42
San Juan nos presenta una maravillosa escena, Juan señala a Cristo como el Cordero de Dios, los dos discípulos de Juan que aparecen como escuchas, le siguen y le hacen una sugestiva pregunta: “¿Maestro dónde vives?”. Es una pregunta clave, profunda, pregunta que continuamente debe hacerse cada cristiano, en cada época y lugar. Es una pregunta que también constantemente debe hacerse la comunidad creyente. ¿Dónde vive Jesús en el hoy de nuestra historia?, ¿dónde quiere ser visitado?.¿Dónde está llamando a gritos la presencia de nuestro testimonio?, ¿Dónde vive Jesús?. Debemos preguntar, porque no siempre está donde nosotros creemos que está, debemos preguntar a nuestra conciencia donde vive, no vaya ser que nos pase lo de los israelitas contemporáneos a Jesús, los cuales no se dieron cuenta que vivía en Nazaret, en el humilde taller de José y en la disponible actitud de María. No vaya ser que nos pase lo del asesino que no se dio cuenta que vivía en la persona que mató, no vaya ser que nos pase lo del egoísta que no se da cuenta que está en la persona que desprecia, no vaya ser que nos pase lo de los “Epulones” modernos que no se dan cuenta que vive en el pobre y marginado de un sistema no siempre justo. En fin, el saber donde vive hoy Cristo es importante para no dejarlo, pues si lo dejamos, nos quedamos sin sentido y terminamos siendo los realmente afectados.
Estimado Amigo Bloggero:
Como ya sabras soy un seguidor de tu espacio, desde hace un buen de tiempo.
Hace una semana di a conocer mi nuevo Blog www.CONSUELAAMIPUEBLO.org para el cual tengo una responsabilidad muy grande, pues su objetivo es "Consolar a los que sufren" y lo hare apoyandome del Evangelio de la Consolación, reflexiones y testimonios.
Hoy estoy aquí para pedirte que me ayudes a abrirle un camino a nuestro Señor Jesús, promoviendo este blog en facebook, en tu blog, en donde puedas. El material compartido en este blog esta basado en Amor y Fe.
Ayudanos a poder llegar a mucha gente que viven cegados, escondidos, con un corazón quebrantado para darles la buena nueva: Diles que Yo su Dios estoy aquí (Is 40,9)
Gracias!!
Me quedo contemplando esa pregunta de los hermanos a Jesús para interpelarme, sobre la atracción de Jesús ante su presencia. En el Sagrario lo tenemos de igual forma, allí puedo ir a su encuentro.