5 nov. 2009

El Tiempo :¿Gasto o Inversión? (Parte I )




El tiempo es la medida del movimiento según el antes y el después decía Aristóteles, quien también entendía el movimiento no sólo como un cambio de lugar o posición sino como "la entelequia de lo que está en potencia" (Física, III, 1, 20 a.10). Con ello quería decir de que el movimiento es la realización de lo que está en potencia, o sea, en capacidad de ser algo o de acceder a algo. En otras palabras, aplicadas al aspecto antroplógico y espiritual, se podría decir que el tiempo es la capacidad y oportunidad que tiene el ser humano, concedidas por Dios, para plenificar cada vez más su propio ser, para desarrollarse como persona, como hijo de Dios. Sólo quien aprovecha (vive) el tiempo como una oportunidad y no lo desaprovecha (lo pasa por pasar), puede alcanzar desarrollarse como auténtico ser humano. Claro que esta vivencia del tiempo no es sólo vivencia, también es ciencia que lleva a la con-ciencia de vivir el tiempo como oportunidad de superación o santificación.

El tiempo no es sólo vivencia (modo en que se vive cada instante), es además ciencia (modo en que se conoce la verdad que somos y del cómo esa verdad debe ser vivida en cada momento), para llegar a tener conciencia (el tiempo vivido con responsabilidad, sabiendo que es una oportunidad única e irrepetible para poder descubrir mi ser y llevarlo a su plenitud, pues minuto vivido es minuto jamás vuelto a vivir, segundo vivido es segundo jamás vuelto a vivir).

Esta con-ciencia es conocimiento y aceptación entre mi Yo y el Plan que tiene el "Tú" por antonomasia, Dios, sobre mi Ser-Yo. Con-ciencia, porque Dios conoce mi ser y sabe cuánto puedo llegar a ser y yo puedo llegar a conocer ese plan amoroso del Ser Superior. Vivir el tiempo no es cuestión de sólo pasar lo que se vive sin implicaciones de crecimiento como ser, es cuestión de vivir en la verdad y para la Verdad.

Que nuestro tiempo sea verdaderamente aprovechado, porque es tiempo de Superación y , mejor aún, tiempo de Salvación.

Vale la pena, pues que pensemos en cómo estamos invirtiendo el tiempo que vivimos. Y he aquí unos pensamientos que nos ayudan a darle vueltas a este asunto:

Para saber el valor de un semestre:
Pregúntale a un estudiante que reprobó el examen final.

Para saber el valor de un mes:
Pregúntale a una madre que ha dado a luz prematuramente.

Para saber el valor de una semana:
Pregúntale a un editor de la revista semanal.

Para saber el valor de una hora:
Pregúntale a los amantes que esperan para verse.

Para saber el valor de un minuto:
Pregúntale a la persona que perdió el tren,el autobús o el avión.

Para saber el valor de un segundo:
Pregúntale a quien haya sobrevivido de un accidente.

Para saber el valor de una milésima de segundo:
Pregúntale al atleta que ganó una medalla de Plata en las Olimpíadas.

El tiempo no espera a nadie.
Atesora cada momento que tienes.

Lo atesorarás mucho más si lo compartes
con alguien especial.

"Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo" (Eclesiastés 3, 1)

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