11 abr. 2010

La Misericordia Divina


Celebramos hoy el Segundo Domingo de Pascua, conocido como el Domingo de la Divina Misericordia.

La palabra misericordia significa: actitud de disposición a compadecerse de las miserias ajenas. Se manifiesta en la amabilidad, asistencia al necesitado, dar el perdón. La misericordia más que simpatía o lástima por alguien es amor actuado, es tener empatía, es decir, ubicarme en la situación sufriente del otro u otra y ayudarle.

Cuando Hablamos de Misericordia Divina, hablamos de esa cualidad propia de Dios, con la cual Él se compadece de nosotros, de nuestras miserias de pecado, viene a nosotros haciéndose ser humano, haciéndose Pecado dice San Pablo en 2 Corintios 5,21 para poder salvarnos. Esto lo hace Dios porque Él nos enseñó en Jesús que la misericordia es el amor en la práctica como nos lo dice en la parábola del Buen Samaritano de San Lucas capítulo 10 versículos del 27 al 37. La misericordia es la razón de la Encarnación de Jesucristo, pues Dios se hace ser humano porque se compadece de los seres humanos, dice la carta a los Gálatas 4, 4 que “llegada la plenitud de los tiempos envío Dios a Su Hijo, nacido bajo la ley, nacido de un mujer, para rescatar a los que estaban sometidos a la ley, y para que recibiéramos la condición de ser hijos”.

Dios es la Fuente de la misericordia. La misericordia dice el Evangelio de san Lucas 1, 50 “alcanza de generación a generación a los que le temen al Señor”. Todos dependemos de la misericordia de Dios. Reconocerlo y responder con misericordia es el camino de la salvación. Por eso dirá Jesús a Santa sor Faustina Kowalska: “el mundo se salva por mi misericordia, por mi justicia puede condenarse” y San Pablo dice en Romanos 11, 32: “Pues Dios encerró a todos los hombres en la rebeldía para usar con todos ellos su misericordia”. Debemos por tanto buscar y aceptar la misericordia de Dios, debemos aceptar su perdón.

En la segunda lectura de Hoy tomada del libro del Apocalipsis capítulo 1, leemos que Juan tiene una visión: “Un domingo caí en éxtasis- dice San Juan- y oí a mis espaldas una voz potente, como de trompeta, que decía: "Escribe en un libro lo que veas y envíalo a las siete comunidades cristianas de Asia". Me volví para ver quién me hablaba, y al volverme, vi siete lámparas de oro, y en medio de ellas, un hombre vestido de larga túnica, ceñida a la altura del pecho, con una franja de oro.”(Apocalipsis 1, 10-11.12-14) y continúa diciendo la segunda lectura de hoy: “Al contemplarlo, caí a sus pies como muerto; pero El, poniendo sobre mí la mano derecha, me dijo: "No temas. Yo soy el Primero y el Último; Yo soy el que vive. Estuve muerto y ahora, como ves, estoy vivo por los siglos de los siglos. Yo tengo las llaves de la muerte y del más allá”. (Apocalipsis 1, 17-18). La lectura habla de una visión que al apóstol Juan tiene de Jesucristo Resucitado presente en el Cielo, Juan nos dice que sintió temor pero que Jesús le dice “No temas” y le dice el por qué no debe temer: “No temas. Yo soy el Primero y el Último; Yo soy el que vive. Estuve muerto y ahora, como ves, estoy vivo por los siglos de los siglos. Yo tengo las llaves de la muerte y del más allá”. Jesús, el que estuvo muerto pero que ahora vive por los siglos, le dice a Juan que no tema, porque Él sigue vivo. La fe en el Resucitado otorga tranquilidad, por eso a Juan el Señor le dice “no temas”, como queriendo decirle: no tengas miedo yo estoy vivo y si yo estoy vivo estoy contigo; pues si Dios sigue vivo, el ser humano puede seguir teniendo esperanza y tranquilidad, puede tener paz. Esta es la invitación y gracia que también escuchamos hoy en el Evangelio según San Juan 20, 19-31. El texto inicia de este modo: “Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes". Dicho esto, les mostró las manos y el costado. (San Juan 20, 19-20). En el evangelio vemos como Jesús le desea la paz, y luego para dar esa paz les muestra las señales de la Resurrección: sus manos que estuvieron clavadas en la cruz y su costado que fue traspasado por una lanza cuando ya había muerto, como queriendo decirles que si tienen fe en su Resurrección tendrán la paz que tanto esperan tener y mandaran fuera su temor, recordemos que cuando Jesús se les apareció san Juan dice que estaban encerrados, estaban así por miedo a los judíos (San Juan 20, 19). Y es que cuando no se sabe de que Cristo sigue vivo, que él murió pero que ha vuelto a la vida por amor a nosotros, que su Resurrección nos habla de su Perdón Infinito; cuando no sabemos esto, entonces nos inunda el temor, el miedo a no sentirnos amados, perdonados, el miedo a sentirnos fracasados, sin sentido en la vida; como probablemente se sentían los discípulos antes de la aparición de Jesús Resucitado, con miedo a los judíos que se burlarían de ellos, con miedo porque se sentía fracasados, no perdonados.

Jesús le dice a Santa sor Faustina Kowalska,: “Oh si los pecadores conocieran Mi misericordia no perecería un número tan grande de ellos. Diles a las almas pecadoras que no tengan miedo de acercarse a mí, habla de mi Gran Misericordia.” Estas son palabras que encontramos en el diario de santa sor Faustina, numeral 1396. El miedo pues nos quita el encuentro con Dios y nos hace vivir intranquilos.

En nuestro país, familias, ambientes de trabajo vivimos en continuo temor, porque no sabemos vivir la alegría y la tranquilidad que otorga el perdón, la misericordia que viene de Dios. Pues todo el que no haya experimentado la misericordia de Dios en su vida se vuelve incapaz de darla a los demás. Si alguien no ha experimentado las gracias del amor y perdón de Dios no puede comunicarlas a los demás, sea a su esposa, esposo, hijos o hijas, compañeros o compañeras. En nuestro país y mundo se habla de violencia, de asesinatos, de rencores, de incremento de la criminalidad, de la pobreza, de abusos y daños, de críticas destructivas, de contiendas, de mentiras, de padres incomprensivos, de hijos altaneros e irrespetuosos, de engaños, de guerras y podemos poner muchos etcéteras, pues la lista es muy larga. Todo esto no es otra cosa que la falta de amor de unos con otros. Es cierto que hay injusticia por todos lados, pero la injusticia es falta de amor auténtico y se borra con el amor verdadero. Todo esto nos muestra la gran falta de misericordia que tenemos los unos con los otros. Por falta de misericordia no perdonamos al que nos ha ofendido, por falta de misericordia criticamos hasta lo último al que se ha equivocado, por falta de misericordia somos incomprensivos con los demás, por falta de misericordia nos estamos destruyendo, matando, enemistando y dañando. Por eso el mundo, la sociedad, la familia, nuestra persona necesita de la misericordia. De la Misericordia Divina, pues sólo quien ha vivido la misericordia puede tenerla y teniéndola darla a los demás.

Por eso es que la paz de la que Jesús habla en el Evangelio de hoy no es una paz como la da el mundo (Cfr. Juan 14:27) sino como la da Dios en Cristo, dice Efesios 2, 14, "Porque Cristo es nuestra paz". Una paz del alma, del interior y que puede inundar de paz a nuestro exterior, nuestro ambiente. Una paz verdadera, de la buena, pues, es una paz que viene a partir de la Resurrección, del amor.

Una paz que no viene a partir de una guerra con odio, sino de una entrega por amor. Una paz que nace de la Misericordia Divina, que nos ha perdonado en Cristo, en su Pasión, Muerte y Resurrección. La Resurrección nos habla de un Dios que envió a su Hijo Único a morir por amor y por eso Resucitó.

La Paz es Cristo Resucitado, que perdona, que limpia, que anima y transforma. Una paz que otorga alegría. Dice San Juan que cuando los discípulos vieron al Señor se llenaron de alegría, de alegría no sólo porque volvían a ver a su Maestro, sino porque al volverle a ver vivo, saben que ellos y todos los seres humanos han sido rescatados para siempre.¡¡¡ La Misericordia Divina ha Perdonado!!!, ahora le toca al ser humano dejarse perdonar. Buscar ese perdón Divino.
Por eso es que Jesús, después de decirles y dejarles su paz: “la paz sea con ustedes”, les autoriza a los discípulos el dar también ellos dicha Paz Divina, que viene, hemos dicho, de la Misericordia Divina, por eso les dice: "Reciban al Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados y a los que no se los perdonen les quedarán sin perdonar". (San Juan 20, 22-23).

De nuevo el tema de la fe es clave aquí, sin fe no podemos aprovechar este don que Dios nos ha dejado en el sacramento de la Confesión. ¡¡En la Confesión verdaderamente Cristo nos perdona a través del ministro consagrado!! . En la Confesión nos da su Eterna Misericordia, su Gran misericordia. Su Perdón. Es Cristo mismo quien nos espera en el confesionario para decirnos que nos ama, como nos dice en Jeremías 31, 3: “con amor eterno te amé” y por eso su misericordia es eterna. Su amor por nosotros es infinito, por eso su misericordia es infinita.

¡Qué hermosura la salvación de Dios!, ¡qué hermoso su amor por nosotros!, esto es lo único que da la verdadera alegría al ser humano: El Amor y Perdón misericordioso de Dios. Debemos pedir la fe para acercarnos con gran confianza a la misericordia de Dios presente en la Confesión, pues hay muchos que mal interpretando las Escrituras Sagradas dicen que para qué confesarse con un pecador, con un hombre, que basta confesarse con Dios. No han entendido que Dios recompensa la humildad, quiso hacerlo así, Cristo ya sabía que con su muerte estaba perdonando a todos y todas, pero él desea que el perdón suyo sea administrado por sus ministros por eso les dijo "Reciban al Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados y a los que no se los perdonen les quedarán sin perdonar" (San Juan 20, 22-23). No es el sacerdote quien perdona, sino el Espíritu del Nazareno, de Cristo Resucitado presente en el sacerdote quien perdona, por eso san Juan 20, 22 dice que Jesús les dice a los Discípulos: "Reciban al Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados y a los que no se los perdonen les quedarán sin perdonar". Los apóstoles reciben el Espíritu Santo, y el Espíritu Santo es el Espíritu del Cristo Vivo y del Padre Misericordioso.

Por eso es que esta fiesta de la Divina Misericordia no es solamente un día de adoración especial de Dios en el misterio de la divina misericordia, sino también el tiempo que Dios colma de Gracias a todas las personas, “Deseo –dijo el Señor Jesús- que la fiesta de la Misericordia sea un refugio y amparo para todas las almas, y especialmente para los pecadores” (Diario de Santa Faustina, n.699)

Ese día, o sea hoy, –continua diciendo la Revelación de Jesús Santa Sor Faustina- están abiertas las entrañas de Mi misericordia. Derramo todo un mar de gracias sobre aquellas almas que se acercan al manantial de Mi misericordia, que ningún alma tenga miedo de acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como la escarlata (Diario de santa sor Faustina, n.699)

Jesús también dice a Sor Faustina: “Las almas que confían sin límites son Mi gran consuelo, porque en tales almas vierto todos los tesoros de Mis gracias. Me alegro de que pidan mucho, porque mi deseo es dar mucho, muchísimo” (Diario, n. 1578)

Pidamos pues hermanos y hermanas a Dios que nos dé su misericordia para ser nosotros misericordiosos, pues la sagrada Escritura nos dice por medio del Evangelio de san Mateo 5, 7: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”

1 comentario:

  1. Muchisimas Gracias querido padre por pasar por mi blog! es una alegria enorme saber que le haya echo ùtil este blog! Dios lo bendiga enormemente y puede pasar cuando lo desee un beso grande Maria

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