21 jul. 2010

El Buscador de Respuestas (Relato)


En un pueblo lejano existía un hombre, de grandes ojos y espíritu dinámico. Siempre quiso responder con seguridad a todo; por lo mismo, intentaba saber un poco o mucho de todo, aunque consciente de que saber todo era imposible, siempre anheló saberlo todo para dar respuesta a cualquier interrogante que le hicieran.

Cierto día, le preguntaron sobre algo que él no pudo responder, algo referente a un lejano reino, fue cuando entonces comenzó a devorar libros y libros a través de su asidua lectura; a preguntar por aquí y por allá. Días pasaron, semanas fueron contadas, meses vinieron, meses se fueron y los años incoados en aquella búsqueda llegaron a ser tiempo pasado. Aquél hombre estaba perdiendo la paciencia, pues la respuesta no la encontraba. Buscaba la respuesta y ésta se escondía , y se preguntaba: ¿es que la pregunta no tendrá respuesta?. “¡No¡ -se respondía él mismo en su interior- debe tener respuesta. Toda interrogante de un modo o de otro debe tener una respuesta”.

El tiempo pasó y las esperanzas de encontrar la respuesta a la inquietante eran cada vez más débiles, como la diáfana luz de un candil presente en la neblina de una gélida noche.Un día, sintiéndose derrotado por no saber la respuesta a la interrogante que le habían hecho, vino un hombre a visitarle a su casa, era un pobre hombre, se notaba en él un gran cansancio y debilitamiento. A pesar de todo, se le atisbaba también mucha juventud, sus ojos irradiaban confianza y tranquilidad. El pedía posada.

“Como si no tuviera suficiente trabajo y problema –pensó el buscador de la respuesta no encontrada- para encima tener que atender a este pordiosero”. Suspiró profundamente; el pobre hombre le miró con una vista pletórica de esperanza, deseando la acogida. Por un momento el buscador pensó no acogerle, pero pasado un tiempo le dijo que pasará adelante. El hombre pasó.

Al cabo de varias horas, cuando el forastero hubo comido y viendo a su acogedor muy preocupado e intranquilo, osó preguntarle cuál era su problema, a lo que éste respondió tajantemente con un “eso no te incumbe”. Siguió insistiendo el pobre forastero, a lo que respondió también su acogedor: “si me pudieras ayudar te lo dijera”. Hubo silencio. Al final de unas horas, el pobre hombre volvió a preguntar y deseando que el hombre buscador de respuestas le contestará, esperó. Su acogedor al fin accedió y le contó su problema. Aquél pobre hombre casi de modo inmediato le dijo conocer al jerarca del reino al cual hacía referencia la pregunta. El hombre buscador se reía de él y no le creía; pero el pobre hombre, en tono serio se lo volvió a decir:"Te digo que sé como llegar al Rey, porque le conozco". Entonces, el buscador de la anhelada respuesta, cambió su semblante. Accedió al diálogo y pensó que aquél hombre pobre era un loco; sin embargo, le escuchó, pensando que aunque loco, el deseo de ayudarle no era ninguna locura.

El joven forastero le dijo que el más grande error no era haber buscado mal su respuesta; más bien era, el no haber buscado a la persona que tiene la respuesta: “Te has enfrascado en buscar la respuesta cuando tienes que buscar a quien tiene la respuesta y éste es el Rey mismo”. Le sentenció.

Aquella frase le dejó al hombre buscador casi sin aire, pero también lleno de agradecimiento por la iluminación. Aquél, pordiosero se ofreció ayudarle a llegar al reino y así aquél buscador logró encontrar al Rey y su anhelada respuesta.

Como el hombre buscador hay muchos en la vida que buscan respuestas y no al que tiene las respuestas, intentan tener respuesta de todo cuando lo más importante primero es buscar a Aquél, que es Camino, Verdad y Vida. Cuando en la vida aparecen aquellas interrogantes que por más que razonemos no logramos responder satisfactoriamente, es porque Dios anhela que no tanto busquemos respuestas, sino que le busquemos a Él; y en Él y por Él, vendrán las respuestas, a veces de inmediato, como la iluminación del joven forastero, a veces después del viaje al “otro Reino”, cuando el Padre nos revele el sentido de todo. Pero para ello debemos contemplar y acoger a Cristo, que en su humildad, viene a iluminarnos y a guiarnos hacia al Padre, como el joven pobre dirigió al Buscador de Respuestas hacia el Rey, trasformándose éste en buscador de una Persona, por la cual encontró su respuesta. ¿y tú qué buscas, respuestas o a la Persona que te puede dar la respuesta y el sentido de tu vida?.

1 comentario:

  1. Gracias por tu blog y por tu sorprendente fidelidad al mio.

    Un abrazo muy fuerte

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