23 ene. 2011

Valentía en la adversidad.

“Al enterarse Jesús de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea”. Estas son las primeras palabras que encontramos en la perícopa del Evangelio de este Domingo Tercero del Tiempo Ordinario. La liturgia intenta exponernos cronológicamente los hechos de la vida de Jesús a partir de los datos evangélicos, nos ha mostrado los episodios del nacimiento, de la Epifanía, del Bautismo y después que han pasado todos estos hechos, el evangelio de este domingo nos muestra el inicio de la actividad pública de Cristo posterior al arresto de Juan. Esta actividad reviste una especial y particular relevancia si se tiene en cuenta lo que Mateo nos apunta al inicio, Juan ha sido arrestado, indicación que entre otras cosas quiere mostrarnos el hecho de que la vida de Jesús está envuelta en situaciones difíciles. De Juan Jesús había dicho que no había ningún hombre más grande que él nacido de mujer (Cfr. San Mateo 11, 11), Jesús es cercano con Juan desde que estaba en el vientre (Cfr. San Lucas 1, 41), Juan es presentado en los evangelios como un modelo de hombre creyente y de apertura al Mesías Prometido, pues le reconoce como Cordero que quita el pecado del mundo (San Juan 1, 29). Sin embargo, este particular amigo de Jesús, ha sido arrestado; la vida de Jesús no está exenta del dolor por la injusticia que sufren aquellos que lo único que hacen es cumplir su Palabra. Con todo, no hay tiempo para hundirse. Cuando esto ocurre Jesús toma la decisión de “retirarse” a Galilea, pero esta no es una retirada al modo en que en un primer momento podríamos pensar, es decir, una retirada de fracasado, el cual viendo a su precursor arrestado y dentro de poco muerto huye para no correr la misma suerte. No. La Retirada de Jesús no es la de un fracasado, basta seguir leyendo el evangelio y notaremos que de este suceso lamentable e injusto como lo es el arresto del Bautista, Jesús emprende con mayor fuerza su misión de anunciar la Buena Noticia de Salvación. Sabe Jesús que la injusticia no se vence con cobardía pero tampoco se vence con más injusticia, se vence con el poder de la Palabra de bien y las acciones de amor y justicia. Las adversidades de la vida presente no pueden ser para quien se ha confiado en el Padre Eterno inicio de hundimiento y fin de la lucha, sino el inicio de una lucha más intensa, sabiendo que quien pierda la vida por él la salva (Cfr. San Marcos 8, 35) y la adversidad es solo el crisol con el cual nos acercamos, como el oro, a nuestra verdadera belleza de discípulos de Dios (Cfr. 1ª San Pedro 1,7).

Por eso es que se nos dice que el pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras una luz resplandeció. Jesús lleva la Luz de la verdad y del amor, esas que no han tenido ni querido tener las personas que arrestaron a Juan el Bautista, pues si no hay verdad y amor no puede existir justicia y, por lógica, si ésta no existe lo que habrá es injusticia. Jesús es el que lleva luz a pesar de las tinieblas de la injusticia, de la adversidad. Lo mismo el cristiano que no se deja vencer por el mal y la adversidad, se convierte en luz porque es testimonio vivo de la gracia de Dios y de la fuerza humana que se deja alentar por la fe y la esperanza en Dios. Si un ser humano sufre y sufre mucho pero a pesar de ello no desiste en querer perdonar, luchar por cambiar su entorno y seguir hacia adelante, su persona y actitud se convierten en luz que ilumina a los demás, sobre todo si éstos ven cuánto es su sufrimiento, pero sobre todo cuán mayor es su fuerza de voluntad y apertura a la Gracia Divina que le impulsan a seguir. 

El relato de Mateo nos apunta: "Desde entonces comenzó Jesús a predicar, diciendo: Coviértanse y crean en el Evangelio . Jesús ilumina con sus palabras y con sus hechos y la Palabra que dirige al ser humano es la de Conversión, el ser humano para poder cambiar necesita saber que necesita hacerlo, pues alguien que se estime puro no sentirá deseo de purificarse, de cambiar. La primera condición para dejarse transformar por Dios y cambiar el mundo en que vivimos es la de reconocer que puedo cambiar y que necesito hacerlo, no puedo conformarme con el mal que hago o el bien que he hecho.

El texto se concluye con la famosa llamada al discipulado que Cristo hace a Pedro y a su hermano Andrés, a Juan y a su hermano Santiago. Como vemos después del arresto de Juan el Bautista lo que hay no es una huida de perdedor, ni el hecho de refugiarse en la lamentación y temor. Jesús sabe que el arresto de Juan el Bautista y su posterior muerte debe ser un impulso a seguir más que un término. 

Este ánimo y actitud no son para el cristiano simple terapia motivacional o ideas donde asir la propia vida, es vivir la realidad de hijos de Dios.


4 comentarios:

  1. WoooW!!!!!
    Vivir la realidad de hijos de Dios.
    Esta dicho todo.
    Besitos.

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  2. En este evangelio del domingo cuando lo meditaba descubria como Jesús de un acontecimiento malo que es el arresto de Juan Jesús saca algo bueno pido al Señor que nos enseñe a sacar de cualquier acontecimiento negativo algo positivo que nos ayude a acercarnos más a¨´EL muy unidos en oración y un abrazo fuerte

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  3. hola les visito desde mi blog www.creeenjesusyserassalvo.blogspot.com reciban muchas bendiciones.

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  4. hola les visito desde mi blog www.creeenjesusyserassalvo.blogspot.com reciban muchas bendiciones.

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