27 abr. 2014

El gozo de la Misericordia


«Se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz con vosotros"» (Juan 20, 19) Cristo se presenta en medio, para indicar que sigue cerca, que no se ha ido. Su Resurrección es cercanía, presencia. Él está en medio, no está al margen de lo que le sucede al ser humano. Está en medio. Para mostrarnos que desde su Resurrección, que es el triunfo sobre el pecado y la muerte, él está en la mejor posición, pero no para criticarnos, no para hacernos pedazos por nuestros errores, no para hundirnos. Cristo está en medio para darnos su paz, su perdón, su fuerza, su aliento de vida. «La paz con vosotros». No es sólo un saludo de amabilidad o cortesía, sino que es la transmisión de la misericordia de Dios a los suyos. Es la transmisión de una misericordia que nunca, pero nunca, se acaba. Es infinita y es fruto del amor. Es la transmisión de la vida de Dios, donde el pecado, por horroroso, por asqueroso, por fuerte que sea, siempre a la larga termina cediendo ante la omnipotencia del amor. Amor que perdona, que restablece, que sana, que libera. Es la misericordia de Dios la que está en medio de aquél que es capaz de creer, de creer que se puede cambiar, que existe el amor verdadero. Que cree y que no es iluso por ello, sino que se asienta en la única verdad que libera y consuela al ser humano. Que restablece y dignifica: La misericordia de Dios. La verdad de saber que el perdón hace al ser humano vivir en su verdad. Verdad de saber que no es perfecto, que se equivoca, pero también en la verdad de saber que es alguien amado, querido, deseado, previsto, pues «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados» (1 Juan 4, 10) ¡Verdad de saberse perdonado!

Cuántas veces buscamos encontrar paz en nosotros, en lo que hacemos, en lo que programamos, en los esfuerzos y fatigas, en lo que dirán de nosotros, en lo que pensaran de nosotros si decimos esto o lo otro, si callamos esto o lo otro. Cuántas veces intentamos encontrar paz en los demás. Consuelos que no sacian nuestra hambre de paz interior y exterior que como humanos tenemos. Cuando esa paz sólo la sacia Dios con su misericordia. Su misericordia que es eterna, transformadora y liberadora. Nos lo ha recordado el salmo de este día: «Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. Diga la casa de Aarón: eterna es su misericordia. Digan los fieles del Señor: eterna es su misericordia» (Salmo 117).

Cuántas veces pensamos que ser santos o llegar a alcanzar la santidad es sólo cuestión de gente inmaculada, sin ni un sólo pecado. Nos olvidamos que muchos de los que ahora llamamos santos también durante su peregrinaje en la tierra cayeron, algunos incluso en pecados graves; pero si llegaron a alcanzar su santidad fue porque más que confiar en sí mismos en primer lugar, fue porque comenzaron a confiar más en la misericordia de Dios. Que les liberaba, sanaba, y le devolvía la alegría y el sentido. De hecho eso lo ha recordado el papa Francisco en su más reciente homilía con ocasión de la canonización de los papas, Juan XXIII y Juan Pablo II, «En ellos –ha afirmado el papa- fue más fuerte la misericordia de Dios y la presencia maternal de María».

No se nos olvide esto: Ningún pecado del que estemos arrepentidos es más fuerte que la misericordia de Dios, ninguno. Absolutamente ninguno. Su amor no tiene límites. Pero eso sí, hay que creer que podemos ser perdonados, para querer ser perdonados; querer ser perdonados para buscar ser perdonados; buscar ser perdonados para aceptar ser perdonados. Sólo si seguimos estos pasos, la Misericordia Divina vendrá a nosotros, estará «en medio» de nosotros no sólo diciéndonos «La paz con vosotros.». Sino que al mismo tiempo que nos dice eso, nos dará eso, pues su palabra es vida. No lo olvidemos. ¡¡¡Dios nos ama más de los que nos imaginamos!!! ¡¡¡Muchísimos más!!! Pero hay que creerlo para vivirlo. Pidámosle fe para creer y recibir su perdón. Bendiciones y Felices Pascuas hermanas y hermanos.

Les invito a ver este video. Levantados con Cristo y por Cristo. Levantados por su amor y perdón, somos ya herederos de Vida Eterna. ¡No perdamos nuestra herencia!

5 comentarios:

  1. Que tenga una plena y Feliz Pascua, querido hermano y amigo. Y celebremos en la oración este día de fiesta para toda la Iglesia
    Paz y Bien
    Ricardo

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  2. Paz y Bien Ricardo. ¡Felices Pascuas de Resurrección!. Bendiciones a su persona hermano en el Señor.

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  3. Gracias hermano por este mensaje tan esperanzador y tan verdadero, a veces se nos olvida la gran misericordia de DIOS pero; ¡gracias por recordarlo!.

    Bendiciones
    su herm
    ana.

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  4. Vaya, qué agradable sorpresa. Bienvenida hermanita. Oremos para creer, creamos para vivir en esa misericordia que nos eleva al amor de Dios. Bendiciones en Cristo, tu hermano.

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  5. El Espíritu Santo es la fuerza a través de la cual Cristo nos hace experimentar su cercanía , Feliz Día.

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