19 oct. 2014

Pablo VI, beatificado

 
 
Pablo VI. El papa que concluyó el Concilio vaticano II. Hoy la Iglesia lo eleva a los altares. Ha pasado a la historia como uno de los papas más incomprendidos, por mantenerse fiel a la verdad del Evangelio y por continuar la obra que ya antes había iniciado su predecesor San Juan XXIII, convocando el Concilio, para que éste evangelio de Jesucristo fuera actual en los nuevos tiempos. En Pablo VI se combinaron entonces dos elementos claves y esenciales en la vida de un cristiano, de un sacerdote de Jesucristo, de un obispo, de un sucesor de Pedro: la fidelidad a la verdad de Jesucristo y la actualización de esa verdad en el tiempo. Cuestión que no es nada sencilla, pues estamos inclinados muchas veces al exceso o el defecto. Por eso es que se entiende que hubo para Pablo VI desde algunos sectores bien diversos un rechazo. Rechazo de parte de aquellos que deseaban quedarse anclados en una falsa perennidad, pero también de aquellos que deseaban enrolarse en una falsa novedad del mensaje evangélico.
 
La beatificación del Papa Pablo VI es como una luz que nos invita a tener en cuenta que la verdad, por ser verdad, tiene una asombrosa actualidad. La verdad no se queda anclada en una época o en formas cerradas, aunque tampoco va cambiando según cambian las épocas. Aunque sí mantiene su ser e ilumina siempre de un modo nuevo con su ser.
 
El papa Pablo VI, con humildad y fidelidad se mantuvo fiel al Señor en tiempos convulsionados, creyente de la promesa de Jesucristo: “yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28, 20). Hoy el papa Francisco, por eso, ha dicho de él que fue un hombre que con “humildad y profético testimonio de fidelidad al evangelio”, supo hacer presente a Dios. También ha recordado que el mismo papa Pablo VI al ser elegido sumo Pontífice comprendía su verdadera fortaleza, pues llegó a decir: “Dios no me ha elegido porque tenga capacidades sino para que sea vea que él es quien guía a la Iglesia”. El Papa Francisco ha remarcado que esa humildad y capacidad para estar atento a la novedad auténtica del Evangelio es la que también ayudó a mostrarnos la grandeza de pastor que  tenía el beato Pablo VI . Pues “La esperanza no es una huida de la realidad”, sino como ha remarcado hoy el Papa Francisco, es un “ponerse en las manos de Dios para actuar”. Y Pablo VI logró darse cuenta de eso y lo vivió.
 
Pidamos a Dios, al beato Pablo VI, que los cristianos de hoy tengamos la capacidad de no caer en el juego mediático, en el contexto en que nos movemos. Ese que nos puede inducir a una falsa perennidad del evangelio o a una novedad inauténtica; sino que con humildad, con mucha humildad, sepamos estar siempre atentos a salvaguardar la verdad de la fe sin caer en “tradicionalismos” y a renovar esta verdad viva de la fe sin caer tampoco en la innovación a ultranza. Que tengamos en cuenta la invitación del papa Francisco: a no tener miedo a las sorpresas de Dios. Sorpresas que son novedad de la verdad pero también estabilidad que ilumina de modo auténtico.

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