4 feb. 2015

Martirio de Mons. Romero: verdad e interpretación

 
 
El pueblo ya había proclamado mártir a Monseñor Romero. Hoy se hace realidad también oficialmente esta proclamación. A este respecto hagamos una breve reflexión sobre este hecho de gracia. En el capítulo 2 del Evangelio de San Lucas encontramos un hecho desconcertante, en el marco de la presentación en el templo de Nuestro Señor. Simeón se dirige a María con estas palabras en referencia a Jesucristo: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción» (San Lucas, 2,34). Sin duda, son palabras que pueden aturdir a cualquiera, más aun a una madre. Pero como muy bien sabemos por los evangelios, María, con grandeza de corazón y con esa fe que le permitía ver más allá de lo que comúnmente miramos los humanos, permaneció fiel ante aquella profecía. No sólo cuando le fue dicha, sino también cuando se fue cumpliendo. Cristo, su hijo, fue para unos un maestro, un hombre de bien, y no faltó quien logró captarle como el Hijo de Dios vivo; pero también muchos otros, le odiaban, despreciaban sus palabras, y buscaban quitarle del camino. De allí la horrenda muerte en cruz. Sin embargo, María, sabía que aquellas contradicciones no eran fruto de lo difícil que Dios hace las cosas, sino de lo difícil que las hacen los hombres. Sobre todo cuando el corazón no está abierto a la verdad. Por eso María, es la que permanece fiel, a pesar de las contradicciones, a pesar del aparente fracaso de Cristo, su hijo.

Sin duda, la vida de Mons. Romero, fiel a la de Cristo, también puede ser catalogada como «bandera discutida», como «signo de contradicción». Pues lo que le aconteció a Cristo de un modo u otro, le acontece también al cristiano, si éste es fiel al mensaje del Maestro. Esto en parte es así porque cuando nos es difícil captar la riqueza de la verdad de algo, lo que surgen son las interpretaciones. No siempre estas son erróneas ni malas, pues por medio de ellas buscamos entender, buscamos la verdad, la riqueza de la verdad. Nutrirnos de ella. Y en este caso la interpretación es un instrumento, no tanto para entender lo que queremos, sino lo que debemos. Porque la verdad no admite negociación, en el sentido de aceptarla en parte o en lo que me conviene egoístamente, puesto que esto ya no es aceptar la verdad sino la mentira.

Pero no cabe duda de que puede también haber interpretaciones erróneas y hasta perversas sobre los hechos y los dichos. «No hay hechos sino interpretaciones», solía decir F. Nietzsche. Porque para él la verdad no era algo que existía, sino algo que se conquistaba por medio de la voluntad de poder. Por eso es que pensaba que había cientos de verdades, las que yo interpreto según mis conveniencias, según mi modo de ver las cosas. Las que mantienen mi voluntad de poder. Es la actitud de quien no le interesa tanto buscar la realidad de los propios hechos, sino lo que se pueda interpretar de ello. Pero no tanto para alcanzar la verdad que esos hechos manifiestan, sino para crear tipos de «verdades», para seguir cómodo en las propias ideas, anclados en las mismas posturas. A este respecto hay que decir que lo que hay primero no son las interpretaciones sino los hechos. Son las interpretaciones las que están al servicio de la verdad de los hechos y no los hechos al servicio de las interpretaciones.

El martirio de monseñor Romero puede provocar variedad de interpretaciones, pero el problema no está en interpretar los hechos sino lo que yo interpreto de esos hechos. Si interpreto con el afán de llegar a la verdad, esa interpretación se vuelve camino hacia ella, descubrimiento de su riqueza, aún en medio de sus límites. Pero si la interpretación de los hechos no busca la verdad, sino mantener las propias posturas sin más, entonces esa interpretación es mala y destructiva. Por eso hay que decir claramente que es buena sólo aquella interpretación que busca encontrarse con la verdad de las cosas. Con el mensaje de Dios en los acontecimientos. Fue eso lo que hizo María, aun cuando contemplaba hechos desconcertantes. Su interpretación buscaba la verdad y por eso se mantuvo fiel a Cristo. Fue esto lo que pasó a Monseñor Romero. Ante la difícil situación de los hechos que vivíamos en El Salvador. Fue capaz de saber interpretar para buscar la verdad, y no tanto para anclarse en su postura. Esto le capacitaba para ver en aquellos hechos el grito de Dios. Del Dios que no está muerto, sino que vive y sufre con sus hijos e hijas.
 
Pero también, al interpretar bien y al encontrarse con la verdad de los hechos, Mons. Romero se convertía en hecho. Su vida, y en la cumbre de ella, su muerte martirial, constituyen el hecho global de una vida que también manifiesta la verdad. La verdad de un corazón entregado a los suyos. La verdad de la presencia de Dios en él y para los suyos. Y también de este otro hecho existencial caben interpretaciones, pues es tan grande su riqueza, que necesitamos ahondar, buscar entender más y mejor. Pues no es un hecho reducido a un momento, sino que es algo que está más allá del momento, del acontecimiento. Es una verdad que se desborda. Es una verdad que es tan rica que por eso sale más allá del espacio donde acontece. Más allá del tiempo en que sucede. Tiempo y lugar son trascendidos, es decir, superados, por la riqueza de la verdad que se manifiesta. Por eso a Monseñor Romero se le sigue recordando, por eso su vida que aconteció en un lugar y momento concreto, sigue haciéndose presente en el tiempo actual, y en muchos lugares  lejanos incluso en donde él vivió y fue testigo de Cristo.
 
Con Monseñor Romero, muy bien se puede decir que esa verdad de Dios, no la teórica que está escrita en los libros, sino la verdad de Dios que se hace vida. Y que es la única verdad capaz de transformar la historia humana. Esa verdad de Dios se hizo presente en la vida y martirio de Monseñor Romero. Es una verdad rica, llena de fuerza por sí misma. Se puede interpretar según la intención del corazón, o para encontrarse con ella o para alejarse de ella. Con todo, la verdad de los hechos al final, es siempre más fuerte que cualquier mal interpretación, pues no son las interpretaciones las que dan sentido a los hechos, a la verdad, sino los hechos los que fundamentan las interpretaciones.
 
  ¡¡¡Gracias sean dadas a Dios,
gracias Monseñor  Romero por su testimonio!!!!
 
HE AQUI UN HUMILDE HOMENAJE DE GAUDIUMLUX
PARA CELEBRAR ESTA HERMOSA NOTICIA

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