19 may. 2015

Confianza (Semana Mons. Romero)


En este día, meditemos en las siguientes palabras del futuro beato Mons. Oscar Arnulfo Romero, e intentemos hacerlas oración mientras las reflexionamos. El 24 de septiembre de 1978 decía:
 
«Esta Iglesia, que está construyéndose con esta mística, con esta presencia, aunque sea humilde como la he definido en las realizaciones de nuestra Arquidiócesis, está circundada también por un mundo mucho más gigantesco, parece. Cuántas veces me viene la idea del pobre David, frente a Goliat; la Iglesia es David, pero David le pudo decir a Goliat, cuando se reía de él por su pequeñez: tú vienes a mi apoyado en tus ejércitos y en tus fuerzas, yo voy a ti apoyado en el nombre del Señor, y en el nombre del Señor el humilde campesinito, David, con una pedrada en la frente, derriba la altanería del gigante Goliat. La Iglesia tiene que enfrentarse al gran gigante de todos los tiempos: los ídolos que adoran los hombres. Cómo se realiza... lo voy a decir al final, porque, antes, yo quiero que nos fijemos que toda esta Iglesia, de la cual les acabo de hablar como realización concreta, aquí en la Arquidiócesis, en Polonia, en Roma, en donde quiera que esté, es la misma Iglesia, que precisamente este domingo, 24 de septiembre, está leyendo en todos sus templos lo que aquí han leído los jóvenes lectores: Isaías en el Capítulo 55; Filipenses, en el Capítulo 1, y Mateo en el Capítulo 20. Qué disciplina más hermosa. El evangelio de Mateo ha sido el alimento de todo el pueblo universal de Dios en este año».
 
ORACIÓN
Señor, concédenos por intercesión de Mons. Romero, tu testigo fiel que supo confiar en ti para no amedrentarse ante los poderes  injustos de este mundo, la gracia de la valentía interior. Para saber confiar en ti, para no temer ante el mal por grande, fuerte y consistente que sea o aparezca frente a nosotros. Pues más grande aún es tu fuerza, tu poder y tu gracia. Ayúdanos a no confiar tanto solo en lo que podemos tener con nuestro mero esfuerzo, sino a ser capaces de aceptar y creer en tu ayuda. A no ser presa de la altanería sino a ser instrumentos de una humildad henchida de verdad.  A no ser presa de los ídolos modernos. Así sea.

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