17 may. 2015

Increencia



No creo en el dios Dinero,
falso becerro de oro,
fabricante de millones de esclavos.
 
No creo en el poder que no se haga servicio al prójimo.
No creo en un Dios que sea un juez severo
y verdugo ejecutor de sentencias inapelables.
 
No creo en una Iglesia que no sea familia grande
y hogar de sinceridad. No creo que estemos solos.
 
No creo en una fe declamada los domingos
y olvidada los lunes.
 
No Creo en un Cristo que no pueda descubrirse en el rostro de los pobres.
No creo que el Reino de los Cielos sea cosa de lejanía,
que no esté aquí y ahora, al que se acceda sólo luego de morir.
 
No creo en un Evangelio de ocasión,
adaptable según el capricho imperante.
 
No creo en ninguna religiosidad que no renueve y transforme la vida.
No creo en la idolatría del éxito, en la ética de ganadores y perdedores.
 
No creo en el imperialismo de las almas
ni en los que se creen dueños de la verdad.
 
No creo en el amor que no sea, ante todo,
vida que se entrega, total y desinteresadamente.
 
No creo en ningún sistema que no tenga por prioridad principal la protección de los niños.
 
No creo en la oración que pide, pide y pide,
y luego es incapaz de una palabra que haga el bien.
 
No creo en la ilusión de la violencia.
 
No creo en ninguna liturgia ni en ningún culto desligado
de buscar sin descanso el bien del prójimo, cercano y lejano..
 
No creo en la comunión si no me hago pan para el hermano.
No creo en las palabras vacías de esperanza.
 
No creo en la cruz que no anticipe la Resurrección.
No creo en las estructuras que impidan el salto al infinito
que no dejen germinar semillas de eternidad.
En las que miran solo la materialidad
 
(Y yo, miserable e ínfimo, limitado y egoísta,
pusilánime y supersticioso,
con todo mi lastre de miedos y torpezas,
CREO que tú, Jesús, eres mi hermano y mi Señor,
mi Dios hecho carpintero,
mi Dios hecho pan para el hambriento,
mi Dios de la Vida abundante y eterna
que me busca con denuedo,
sin descanso por tu infinita bondad
porque eres Misericordia,
y Todopoderoso,
porque eres Amor). Amén

3 comentarios:

  1. Gracias mi querido hermano por publicar esto. Excepto el último y maravilloso párrafo acerca de la Ascensión del Señor, fué tejido en julio de 2009, en momentos muy difíciles de los que su presencia como amigo y sacerdote fué importantísima.
    Permítame una infidencia: ud recordará que cuando publiqué estas líneas, mamá había partido a la casa de Dios y papá se encontraba gravemente enfermo -luego partiría él mismo dos meses después-; en esos menesteres, se redactó en una sala de hospital, cuando estos lares estaban asolados por los embates de la gripe A, que tantas víctimas se cobró y de esas, muchas fuimos testigos doloridos con los míos.
    Por eso me representa en aquel entonces y ahora también esa sabiduría de que el Maestro nos asciende, nos levanta con palabras de presencia y de consuelo, aún cuando la noche a veces es tan cerrada y nos asusta con su persistencia. Allí y en los hermanos portadores de Buenas Noticias sigue germinando nuestra esperanza.

    Le renuevo mi gratitud, y le envío un abrazo grande. Que la Madre de Dios siga sosteniendo entre sus manos orantes su ministerio y toda su vida.

    Paz y Bien

    Ricardo

    PD: y le cuento que por aquí unos cuantos, temorosos y temblorosos, emocionados y muy felices, aguardamos con ansias lo que ya sabíamos en nuestros corazones. El 23 vamos a celebrar al Beato Oscar Arnulfo Romero, mártir de la Iglesia, testigo inclaudicable del amor de Dios.

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  2. Muy estimado Ricardo. Estas palabras, desde la primera que la leí en su blog han redundado una y otra vez en mi cabeza e interior. Espero no haber sido un abusador al publicar esto. Pero sentí que era algo tan profundo dicho con tan pocas letras. Hoy a las puertas de la beatificación de Mons. Romero, considero que son palabras que en cierto modo son no sólo inspiración humana sino también divina. Él luchó para que todo esto que usted colocaba en estas hermosas palabras pudiese ser verdad en la Iglesia. Recuerdo ahora todo lo que me dice. Gracias a usted por sus palabras muy fraternales, se las agradezco, al mismo tiempo le digo que he omitido la última parte. De nuevo, gracias por estar en la red y por ser luz por medio de sus palabras para muchos de nosotros. Bendiciones.

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    1. Al contrario. Todos somos sembradores, pero las semillas no nos pertenecen. Para mí es una alegría y un honor el que lo haya reproducido, pero tenía la necesidad de compartirle las cosas que reviví al leer esto, y que tal vez sea necesario hacerlo, pues nunca es suficiente el esfuerzo por buscar el paso bienhechor y liberador de Dios por nuestras vidas y las vidas de los que amamos.

      Y quizás, a pesar de tanto dolor -tan tristemente habitual en nuestros pueblos- no hemos llorado lo suficiente. O mejor aún, no hemos aprendido a llorar bien, llorar hasta que las lágrimas nos laven la mirada y recién allí, con Romero y con tantos otros, mirar la vida con los ojos renovados del Maestro.

      Bendiciones para usted y para todos los hermanos de su patria, y para todos los que siguen creyendo, confiando, jamás resignándose, pues no vamos solos.

      Paz y Bien

      Ricardo

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