21 may. 2015

¡¡¡Todos somos sacerdotes!!! (Semana Mons. Romero)


Son ya horas las que nos separan, de la beatificación de Mons. Romero. Conviene seguir preparándonos para que este hecho no sea un mero acto histórico, sino una verdadera renovación interior. Para facilitar nuestra oración, proponemos estas maravillosas palabras pronunciadas por el futuro beato, el 23 de abril de 1978.

«Quiere decir que este pueblo de bautizados tiene verdaderas funciones sacerdotales. ¡Cómo quisiera tener tiempo, hermanos, para describirles en qué consiste la función sacerdotal del pueblo!. Desde el día en que un niño se bautiza, se incorpora a un pueblo puesto en el mundo para dar culto a Dios. Esto es lo sacerdotal, dar culto. Y San Pedro dice que somos sacerdotes para dar culto espiritual a Dios. La vida del bautizado, cualquiera que sea su profesión, es un culto a Dios.

Misa no sólo se celebra el domingo en catedral, misa es la del hombre que hace de su vida un culto al Señor. Nunca de sus labios una mentira, nunca en su conciencia un resentimiento, un odio; en su profesión por más humilde que sea, a la gloria de Dios. Y así, está celebrando misa el hojalatero, el carpintero, el barrendero, la señora de mercado, el estudiante, el profesional. Cuántas categorías de vida que están escuchando esta palabra. Y yo les digo, hermanos, todos ustedes son sacerdotes que celebran su misa en su propia profesión, en su propia vida. No pierdan el sentido divino de su existencia.

Y cuando el dolor nos pruebe, ustedes queridos enfermitos que me escuchan - se que me están escuchando allá en el querido hospital de la Divina Providencia, como en tantos otros hospitales y en tantos lechos de enfermo - sé que ustedes queridos enfermos, como Juan XXIII, pueden decir cuando le dijeron a Juan XXIII que la enfermedad era grave y que tenía que acostarse, él dijo: "también la cama es un altar, y yo ahora soy la víctima de ese altar". ¡Qué hermoso concepto!. Así puede decir también el trabajador, la empleada que va a su oficio: "también mi oficio es un altar y en ese caso yo soy la víctima sagrada de ese altar, voy a trabajar con gusto, voy a cumplir mi deber".

Díganme, hermanos, si esto es subversión. Digan si esto es resolver las cosas y no ponerlas en su puesto, decirle a los políticos: también ustedes pueden ser hostias sagradas para Dios si cumplen su trabajo político con verdadero sentido cristiano. Decirle también al que tiene dinero y haciendas: tú también puedes ser víctima sagrada a Dios; si eres bautizado, eres hostia de un altar si le das un sentido social de justicia, de cristianismo y de hermandad a tus relaciones con todos tus hermanos. Esto es ser cristiano, ser bautizado, ser pueblo de Dios, raza elegida, sacerdocio real, nación consagrada. Una nación puesta en el mundo para ir proclamando las maravillas del Señor, pueblo adquirido por Dios.

Nos ha comprado Cristo con su sangre, no nos pertenecemos a nosotros. Cristo es nuestro dueño, es nuestro Rey y el tiene que gobernar sobre nosotros. Si alguno no quiere que Cristo reine sobre él, haría bien, como hacen - dicen los cristianos allá en Alemania - donde les obligan a pagar un impuesto para ayudar a su propia religión, cuando ya no quieren pagar ese impuesto, van a decir: "yo ya no soy cristiano, bórrenme del libro del bautismo". Seria preferible; no porque no les cobraran un impuesto, sino porque no quiero aportar a esta hora en que el pueblo de Dios tiene que ser pueblo escogido, nación consagrada, valiente comunidad para proclamar las maravillas de Dios y denunciar las injusticias del pueblo que nos circunda. Seria preferible borrarse del libro de la parroquia y no llamarse cristiano, que ser bautizado e ir arrastrando la ignominia de los paganos y pecadores, bautizados pero paganos en el corazón.

A esto viene nuestra fiesta de Pentecostés, a revivir esta conciencia cristiana de nuestro pueblo, a decirle como San Pedro en la lectura de hoy que recordemos nuestra dignidad de raza elegida, de sacerdocio real, de nación consagrada y de pueblo adquirido».

ORACIÓN
Oh Dios Todopoderoso, que hiciste fiel a su vocación a tu mártir Oscar Arnulfo Romero, ayúdanos por su intercesión, a saber que todo cuanto hacemos está llamado a darte gloria. Haz que comprendamos que en cada trabajo, en cada profesión, está el propio camino de salvación de cada cristiano. Haz que tomemos conciencia de la gran dignidad que poseemos al ser bautizados. Danos la capacidad de no avergonzarnos de ser hijos o hijas  por tu gracia, de proclamarnos cristianos. Que la sangre de los mártires sea valentía para ser tus testigos en esta hora presente. Amén.



 

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