4 oct. 2015

Sobre el matrimonio



La igual dignidad de los esposos
 
Con un lenguaje figurativo y hasta poético, el libro del Génesis nos transmite una verdad profunda sobre el valor del amor conyugal. En el Génesis se nos dice: «Dijo Yahvé Dios: “No es bueno que el hombre esté solo, voy a hacerle una auxiliar a su semejanza”» (Gen 2, 18). En la primera parte del versículo se nos manifiesta que la soledad es un mal. El ser humano, ya lo habían afirmado los antiguos griegos, es un ser social por naturaleza. El individualismo disminuye las potencialidades humanas, y hasta las anula. La expresión No es bueno que el hombre esté solo puede ser aplicada a todo ser humano, hombre o mujer, porque nadie puede salvarse estrictamente solo. Nadie puede desarrollarse como hijo o hija de Dios en solitario.
 
En la segunda parte del versículo se nos hace ver que la mujer es creada para que ayude al hombre: voy a hacerle una auxiliar a su semejanza. Una interpretación machista, y por ende egoísta del texto, nos llevaría a pensar que la mujer está en función del hombre, al servicio del hombre. Pero eso es incorrecto. Más bien los que se nos quiere indicar es que en la naturaleza creada, el hombre no tiene a nadie más semejante para ayudarle que la mujer. La semejanza indica que, si bien hombre y mujer no son lo mismo, ambos pertenecen a la misma naturaleza humana. Ambos tienen igual dignidad. Ambos tienen su origen en Dios. Ambos pueden ayudarse a crecer el uno al otro. La mujer aparece, pues, como el único ser en la naturaleza creada capaz de ayudarle al hombre de igual a igual.
 
El texto, sin embargo, no escapa del todo a la mentalidad machista de aquel entonces, donde el hombre era considerado superior a la mujer. De allí que plantee que el hombre es quien pone nombre a todos las cosas, tal acción es símbolo del dominio que tiene sobre los diversos seres: «Adán les puso nombre a todos los animales domésticos, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo» (Gen 2, 20). También lo mismo hace cuando ve a la mujer, le pone nombre (Gen 2, 23). De nuevo, esto podría interpretarse, como erróneamente se ha interpretado en ocasiones, que la mujer debe estar dominada por el hombre. Sin embargo, hay una diferencia cualitativa en el hecho de que Adán ponga nombre a la mujer. En este caso, el poner nombre está más en la dimensión de un reconocimiento de igualdad, que en una lógica de dominio sobre ella.

Antes de que Adán ponga nombre a la mujer el texto nos narra dos puntos claves. Por una parte nos señala que una vez que Adán pone nombre a todos los seres, se da cuenta de que ninguno es semejante a él. Es como una nostalgia por querer tener una alteridad, por querer compartir su vida, por eso el texto también dice: «Pero no se encontró a ninguno que fuera a su altura y lo ayudara» (Gen 2, 20). Por otra parte, sucede algo único, la actitud del hombre cuando contempla a la mujer: «Entonces el hombre exclamó: Esta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta será llamada varona porque del varón ha sido tomada» (Génesis 2, 23). La exclamación expresa la gran admiración del hombre por la mujer. La capacidad de poder contemplarse en ella, y de poder entablar una comunión de personas con ella, cosa que era imposible entablar con los demás seres. Y era imposible, porque solo la mujer es semejante, igual en dignidad que él. La expresión «Esta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne», quiere decir algo parecido a «ella es igual a mí». De modo implícito, el escritor sagrado pone en boca de Adán el reconocimiento de la igual dignidad.

Pero la grandeza de dignidad de la mujer no solo queda expresada en esto. También está presente en que «el hombre deja a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y pasan a ser una sola carne» (Gn 2, 24). El dejar la propia parentela, que no es algo poco, indica la grandeza de esa unión entre hombre y mujer. Esta unión no es cualquier tipo de unión. La unión entre hombre y mujer de la que se nos habla en este texto, no es algo solo dispuesto por ellos mismos, sino que es un designio divino.

Además, esta unidad con la mujer expresada con la frase “una sola carne” indica que esa unidad es profunda. Refleja, en cierto modo, que son “un solo ser”, “una sola familia”. Esto es así porque en la unión entre hombre y mujer puede darse esa unidad íntima por medio del amor mutuo, no solo entre los cuerpos, sino en el espíritu. Esto también expresa que tal unidad no puede tener desunión sin grave daño para quienes conforman esa unidad tan profunda. Por lo mismo, la desunión matrimonial es como un “desgarramiento” de esa carne que es una sola por el amor. El divorcio aparece así ya en el Génesis como un «desgarre pernicioso» de esa unidad de la carne; es decir, de esa unidad matrimonial. Contrario totalmente al primer designio divino.

La imposibilidad del divorcio

El texto del evangelio de Mateo está conectado con el texto del Génesis. La perícopa del Evangelio se ubica en el contexto de la prueba que ponen los fariseos. De entrada vemos que la pregunta hacia Jesús sobre el divorcio lleva una malicia. Saben los fariseos que de algún modo el divorcio no era una solución sino que era un camino de mayores problemas. Entendiendo por divorcio no solo la simple separación por causas graves entre los esposos, en función de salvaguardar la integridad de los hijos o de al menos de uno de los cónyuges. Más bien el divorcio tal y como es su naturaleza, una ruptura del vínculo matrimonial para seguir en el pecado, aspirando poder tener otra unión.

Conviene aclarar que el divorcio fue una práctica en el Antiguo Testamento, de hecho los fariseos ponen la prueba a partir del permiso que otorgaba Moisés (Deuteronomio 24, 1). Sin embargo, era una práctica que no era de un principio, por eso Jesús remarca la necesidad de volver al principio: «Moisés, al escribir esta ley, tomó en cuenta lo tercos que eran ustedes. Pero al principio de la creación Dios los hizo hombre y mujer; por eso dejará el hombre a su padre y a su madre para unirse con su esposa, y serán los dos una sola carne. De manera que ya no son dos, sino uno solo. Pues bien, lo que Dios ha unido, que el hombre no lo separe». Es decir, Jesús vuelve sobre lo dicho por el Génesis y deja de lado lo dicho por el Deuteronomio 24, 1, la ley de Moisés. Está indicando que es lo primero lo que debe seguirse y no lo que se permitió después, que fue solo para evitar un desorden mayor. La expresión «de manera que ya no son dos, sino uno solo» indica lo afirmado por el Génesis. No puede haber, por lo mismo, desunión sin grave daño. Además, el carácter conclusivo de las palabras de Jesús (Pues bien, lo que Dios ha unido, que el hombre no lo separe) no da lugar a dudas que no hay espacio para el divorcio dentro de un matrimonio auténticamente cristiano. Eso no existe, ni existirá nunca. Sí existen, como se ha dicho, separaciones cuando se ve que existe un grave riesgo de daño ya para la esposa, los hijos o el esposo, según el caso. Pero una separación no es un divorcio, los cónyuges siguen siendo esposos. Sí existen también nulidades matrimoniales, pero nunca podrán existir anulidades matrimoniales cuando hay un matrimonio válido. La nulidad solo comprueba que no existió nunca matrimonio, pero no se puede nunca anular por vía del divorcio un matrimonio establecido válidamente. El mismo Papa Francisco ha recordado los que piensan en el divorcio católico, se equivocan” (Rueda de prensa de regreso a Roma tras visita a Estados Unidos-28-9-15).

Vivimos en un mundo en donde el matrimonio ha pasado a ser algo poco valorado. Pero tal desprecio por el matrimonio lo que provoca es más males: hijos sin padre o madre, un deterioro en la educación, manipulación de los sentimientos, crisis afectivas, enfermedades físicas. A esto se debe añadir el gran vacío y mal espiritual. Cristo remarca el gran valor de la familia y del matrimonio, e invita a tener una actitud no solo de amor mutuo, sino de gran humildad, de pequeñez, como la de un niño. Pues solo quien se hace como niño es capaz de entrar en la dinámica del Reino de los cielos. En un matrimonio siempre van haber problemas, pero cuando los problemas están más fuertes en el matrimonio, se requiere mucho amor y mucha humildad para superar las pruebas. Para evitar el divorcio, que es el mayor mal al amor conyugal. Santa Teresa de Jesús decía: «el amor, o es para siempre o no es amor».

Para terminar quedémonos con las palabras del papa en la vigilia de oración por el sínodo de la familia: «Oremos…para que el Sínodo… sepa reorientar la experiencia conyugal y familiar hacia una imagen plena del hombre; que sepa reconocer, valorizar y proponer todo lo bello, bueno y santo que hay en ella; abrazar las situaciones de vulnerabilidad que la ponen a prueba: la pobreza, la guerra, la enfermedad, el luto, las relaciones laceradas y deshilachadas de las que brotan dificultades, resentimientos y rupturas; que recuerde a estas familias, y a todas las familias, que el Evangelio sigue siendo la "buena noticia" desde la que se puede comenzar de nuevo. Que los Padres sepan sacar del tesoro de la tradición viva palabras de consuelo y orientaciones esperanzadoras para las familias, que están llamadas en este tiempo a construir el futuro de la comunidad eclesial y de la ciudad del hombre. Cada familia es siempre una luz, por más débil que sea, en medio de la oscuridad del mundo» (Papa Francisco, Vigilia del Sínodo, 3-10-15).

3 comentarios:

  1. Estimado amigo paso a saludarte y dejarte mis buenos deseos para estas fechas que se aproximan.
    Celebremos en esta Navidad el Amor y la Paz que
    Jesús nos ha dado.
    Que su luz brille en nuestros corazones!!!
    Feliz Navidad y Bendecido 2016!!!

    ResponderEliminar
  2. Que bien lo explicas querido Gaudium....pero es que tienes la Luz de la fe...y sin ella todo se malinterpreta....y asi vamos. Yo desde luego feliz en mi matrimonio y descubriendo cada dia mas Gracias en el....somos tan privilegiados...

    ResponderEliminar
  3. Saludos estimada Gosspi. Procuraré poner en mis pobres oraciones a su matrimonio, porque Dios es la fuente de todo amor, de todo sentido, de toda ilusión y alegría. Me alegra mucho leer lo que expresa en su comentario. Gracias por ser testigos del amor. Bendiciones en Cristo Resucitado.

    ResponderEliminar

Bienvenido o Bienvenida a Gaudiumlux.Tus comentarios nos enriquecen.Déjanos aquí tu opinión. Gracias