26 may. 2016

Pan vivo

Aquél que dijo: «no solo de pan vive el hombre» (Dt 8,3; Mt 4, 4), es el mismo que nos dice: «este es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera» (Jn 6, 50). Aquél que venció al tentador diciendo: «no solo de pan vive el hombre», es quien también nos exhortó a pedir en el Padrenuestro: «danos hoy el pan nuestro de cada día» (Mt 6,11). Aquel que afirmó que «no solo de pan vive el hombre», es ahora el que enseña: «el que coma de este pan vivirá para siempre» (Jn 6,58). ¿Por qué este cambio? La respuesta es porque el pan del que nos habla es distinto. El primer pan era un pan incapaz de darle vida plena al ser humano, por eso dijo «no solo de pan vive el hombre», es decir, no solo de este pan material vive el hombre, sino de otro Pan que da plenitud a su vida.
Por el pan material se vuelve a morir; por el otro Pan, no. Porque este otro Pan es el Pan bajado del cielo; no como el que comieron nuestros padres, y murieron, ya que el que coma este pan vivirá para siempre (Cfr. Jn 6,58). Y se vive para siempre porque este otro Pan es Cristo mismo, de allí que Jesucristo mismo afirmara: «Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo» (Jn 6,51). Y por si tienes dudas de lo que dice, por si piensas que es una mera figura retórica de su predicación, también lo confirma diciendo: «En verdad, en verdad les digo: si no comen la carne del Hijo del hombre, y no beben su sangre, no tendrán vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él». (Jn 6, 53-56).
Este Pan, que es Cristo mismo, cumple con aquello que narra el evangelio de S. Lucas, en el milagro de la multiplicación de los panes. Lucas concluye su relato diciendo que «comieron todos hasta saciarse. Se recogieron los trozos que les habían sobrado: doce canastos» (Lc 9, 17). Estas palabras pueden ser aplicadas al misterio de Cristo Eucaristía.
Dice primero que «comieron todos», porque Cristo Eucaristía es el pan que todos pueden comer, nadie está privado de él. Eso sí, hay que recibirle con un corazón bien dispuesto y purificado. En el rito de la santa misa se dice: “dichosos los invitados a la mesa del Señor”, e invitados estamos todos. Nadie es excluido por él. Solo nos podemos excluir nosotros mismos cuando preferimos más el pecado que su presencia. Cuando le cambiamos a él, que es alimento inagotable, por aquel alimento que siempre se termina agotando. Ese alimento que sacia ciertas dimensiones de nuestra vida (ya sean estos alimentos: el trabajo, el estudio, el negocio, los títulos, las experiencias, los placeres, etc.), pero que no sacian en último término lo más profundo de nuestro ser.
En segundo lugar, se dice que todos comieron «hasta saciarse». Efectivamente, solo Cristo es el alimento que sacia la vida del ser humano; que llena todos sus anhelos; que ilumina toda su vida en sus momentos de éxitos y de fracaso, de alegría y de tristeza, de paz o sufrimiento. Solo Dios sacia el corazón humano, porque el ser humano tiene hambre de lo infinito. Tiene hambre de eternidad, hambre de felicidad, hambre de lo perfecto, de lo bello, de lo noble y bueno. “Hambres” que solo Dios puede saciar.
Por último, el evangelista recoge un detalle, no menos importante, cuando señala que «se recogieron los trozos que les habían sobrado». Este pan no solo sacia, sino que es capaz de seguir saciando. Las sobras de los trozos representan la sobreabundancia de este Pan, que no se acaba cuando se consume, sino que aumenta, se multiplica; porque el bien se difunde y crece cuando se da. Y esta sobreabundancia es perfecta, eso simboliza el que se hayan llenado de lo que sobraba «doce canastos». El número doce para la mentalidad judía es símbolo de elección y plenitud, y en este caso concreto aplicado al misterio eucarístico,  es símbolo de la abundancia perfecta de las gracias que el Padre ha elegido para los seres humanos por medio de la Eucaristía; pues Cristo, Pan de Vida, sobreabunda en su amor y misericordia para con el ser humano. ¡Hasta cuando lo harás esperar! Él te espera todos los días. ¿Se te apetece? Este Pan te espera hoy, mañana y siempre.

1 comentario:

  1. Muchas, gracias, por su reflexión,Eucaristía es el sacramento de la comunión; nos lleva del anonimato a la comunión, a la comunidad». Gracias.

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