17 oct. 2016

Cuestión de búsqueda


«busquen y encontrarán» (Lucas 11, 9) 

El buscar es parte de nuestra existencia humana. Estamos, en cierto modo, continuamente buscando muchas cosas, situaciones, personas. Buscamos la verdad, buscamos el bien. El ser humano, y más aún el cristiano, es un ser-buscador. Ahora bien, la búsqueda de la que se nos habla en el evangelio de San Lucas, no es búsqueda sin sentido o movida por la mera curiosidad, pues tiene que ver con ese anhelo que Dios ha colocado en lo más íntimo del ser humano: el anhelo del encuentro del alma con su Creador. Tampoco es una búsqueda fallida, pues la promesa de Dios es que el que busca encuentra. Es decir, si el ser humano busca sinceramente a Dios, lo terminará encontrando. Esto es lo que en buena medida afirma el apóstol San Pablo cuando dice que Dios «creó, de un sólo principio, todo el linaje humano, para que habitase sobre toda la faz de la tierra fijando los tiempos determinados y los límites del lugar donde habían de habitar, con el fin de que buscasen la divinidad, para ver si a tientas la buscaban y la hallaban; por más que no se encuentra lejos de cada uno de nosotros» (Hechos 17, 26-27). 

Sin embargo, esta búsqueda no le resulta fácil al ser humano; por esto mismo, hemos de buscar con ahínco, con perseverancia y buen ánimo. Sin caer en la tentación de querer encontrar a Dios rápidamente; de encontrarlo según nuestros presupuestos humanos, pues Dios se hace el encontradizo a quien lo busca con humildad, paciencia, perseverancia y esperanza. 

Es clave buscarle cada día en la propia vida, en la vida de nuestros semejantes. Y, sobre todo, buscarlo en nuestro interior, pues solo así llegaremos a darnos cuenta que él es quien primero nos busca y está cerca de nosotros, aguardando que le busquemos y encontremos. Es lo que logra experimentar San Agustín, cuando exclama conmovido: «¡Tarde te amé, belleza tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y he aquí que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te andaba buscando; y deforme como era, me lanzaba sobre las bellezas de tus criaturas. Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo» (Las Confesiones, X, 27, 38). 

Esta búsqueda interior de Dios también es remarcada por el mismo San Juan de la Cruz, cuando comentando una de las estrofas de su Cántico Espiritual anota: «grande contento es para el alma entender que nunca Dios falta del alma, aunque esté en pecado mortal, cuánto menos de la que está en gracia. ¿Qué más quieres, ¡oh alma!, y qué más buscas fuera de ti, pues dentro de ti tienes tus riquezas, tus deleites, tu satisfacción, tu hartura y tu reino, que es tu Amado, a quien desea y busca el alma?» (Cántico Espiritual, Canción 1, Declaración, 8) Busquémosle, pues, sin desmayo, sin desánimo, porque él mismo nos ha dicho: busquen y encontrarán.

3 comentarios:

  1. Gracias, un gran saludo.

    ResponderEliminar
  2. Para una persona que ama, la sumisión a Dios es más que un deber; es el secreto de la santidad. Gracias, ¡Feliz día!, un abrazo fraterno.

    ResponderEliminar
  3. Gracias por su comentario. Definitivamente amar no es obligar. ¡Un abrazo fraternal!

    ResponderEliminar

Bienvenido o Bienvenida a Gaudiumlux.Tus comentarios nos enriquecen.Déjanos aquí tu opinión. Gracias