14 oct. 2016

Una enseñanza necesaria


«Le dijo uno de sus discípulos: “Señor, enséñanos a orar…”» (Lucas 11, 1) 

La petición del discípulo indica de entrada una necesidad y una carencia. Por una parte, la oración es una necesidad del ser humano, porque es en ella en donde nos descubrimos realmente quienes somos. En la oración se amplía nuestra visión de la vida, de lo que experimentamos, de lo que anhelamos. Sin oración el ser humano puede existir, pero no realmente vivir, pues la vida humana no se reduce a tener activo el organismo físico, ya que somos más que un cúmulo de células y moléculas trabajando juntas. El ser humano tiene necesidad de encontrarse consigo mismo, encontrarse sosegadamente con sus propios sentimientos, acciones, experiencias y confrontarlas delante de Dios. Tiene, sobre todo, necesidad de encontrarse con Dios, aun cuando esta necesidad la busque acallar en ocasiones de uno u otro modo.

Por otra parte, la petición del discípulo advierte una carencia. El ser humano necesita aprender a orar. Orar no es algo con lo que nacemos, es conveniente luchar por aprender a crecer en una actitud orante. La oración ante todo es un don, pero un don que se nos da si lo buscamos. La petición del discípulo expresa esa búsqueda: Señor, enséñanos a orar. El discípulo le pide a su Maestro que sea él quien enseñe. Nadie mejor que Jesucristo mismo; o, en otras palabras, nadie mejor que su Espíritu para indicarnos el camino a seguir. Es Dios quien da el don y enseña a adquirirlo, a mantenerlo. Todos los grandes maestros de la oración, si son auténticos, son transmisores de la enseñanza del único y gran Maestro por excelencia: Jesucristo. De allí que para aprender a orar debemos pedirle, orarle a él, para que nos enseñe. Pero esta petición no debe cesar, debe ser constante y perseverante, sin desánimo.

En resumen, la invitación de hoy es a no descuidar nuestra oración. Porque como en su momento dijo Henri Nouwen: «La invitación a una vida de oración es la invitación a vivir en medio de este mundo sin quedar atrapados en la red de sus heridas y necesidades. La palabra “oración” indica una interrupción radical de la obsesiva cadena de dependencias trabadas que conducen a la violencia y a la guerra. Representa la entrada a una morada completamente nueva. Apunta a una nueva forma de hablar, de respirar, de estar juntos, de conocer, …; en definitiva, una forma completamente nueva de vivir» (H. Nouwen, El camino hacia la paz. Escritos sobre paz y justicia, Sal Terrae, p. 53)

Que el gozo y la luz de Dios esté y brille en ti.

2 comentarios:

  1. Debemos ser hombres de Dios y, para decirlo más sencillamente, hombres de oración con el suficiente valor para arrojarnos en ese misterio de silencio que se llama Dios sin recibir aparentemente otra respuesta que la fuerza de seguir creyendo, esperando, amando y, por tanto, orando. Gracias.

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  2. Bendiciones. Gracias por sus amables palabras.

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