27 ene. 2017

Santo Tomás de Aquino: cultivador de la sabiduría



Probablemente sea muy conocida la siguiente expresión bíblica: “Dice el Necio en su corazón: No hay Dios” (Salmo 14,1). La palabra necedad derivada del latín nescire, señala una negación: no conocer, no saber. En este sentido, la necedad implica falta de sabiduría, y la falta de sabiduría es, a su vez, falta de verdad. Según esto, el necio no solo es quien niega a Dios, sino también quien opta por una vida sin Dios (es decir sin la Suma Verdad). No tanto porque Dios sea inexistente, sino porque no se le deja existir en la propia vida. De allí que la ausencia de una auténtica sabiduría, es la ausencia de Dios; y la ausencia de Dios, es en último término, la ausencia del ser humano que realmente somos y que estamos llamados a ser.

Teniendo presente esto se entiende mejor porqué Santo Tomás de Aquino daba una especial importancia al cultivo de la sabiduría y afirmaba en el libro primero, capítulo dos de su obra Summa Contra Gentiles que entre todos los estudios “el de la sabiduría es el más perfecto, sublime, útil y alegre”. El santo explica diciendo que es el más perfecto “porque en cuanto el hombre se entrega al estudio de la sabiduría de algún modo participa ya de la bienaventuranza”, según lo dicho por el libro del Eclesiástico: “Dichoso el hombre que medita en la sabiduría” (Ec 14,22) . Es el más sublime “porque el mismo estudio aproxima al hombre a la semejanza con Dios” Y añade: “ya que la semejanza es causa de amor, la sabiduría une al hombre con Dios principalmente por la amistad” . Es el más útil “porque la sabiduría nos conduce al reino de la inmortalidad” según lo dicho por el libro de la Sabiduría: “el deseo de la sabiduría nos conducirá al reino perpetuo” (Sab 6, 21) . Por último, el Aquinate afirma que el estudio de la sabiduría es el más alegre “porque no es amargo su trato ni tediosa su convivencia, sino alegre y feliz”, según lo dicho en Sabiduría 8, 16 . (Cfr. Summa Contra Gentiles, I, 2, 1-4)

Santo Tomás, pues, es un fiel defensor y amigo de la sabiduría. De allí que este anhelo de sabiduría le haya llevado a interesarse por temas de orden filosófico y teológico, incluso científico (según la acepción moderna de la ciencia). Baste en este último caso mencionar cómo siendo un hombre del siglo XIII y con las herramientas científicas de aquel tiempo, logra advertir algo, que para nosotros es tan normal aceptar en la actualidad, pero no lo era tanto en su época, nos referimos a la redondez de la tierra (Summa Thelogiae, I, q.1, a.1). Y es que Santo Tomás fue un hombre de su época pero que se adelantó a su época, por el cultivo y amor a la sabiduría. Sabiduría que no ha de entenderse como cultivo de un intelectualismo solipsista, sino como encuentro y vida con Dios, con el ser humano y con el mundo.

Desde esta perspectiva Santo Tomás sigue siendo actual. Porque el deseo de saber es algo connatural al ser humano; porque la profundidad de su cultivo de la sabiduría le hace ser un autor siempre presente; y porque la sabiduría no la entendió desde su aspecto meramente intelectual sino integral, es decir, sabiduría que impregnaba toda su vida.

1 comentario:

  1. La aventura de la santidad comienza con un «sí» a Dios. Gracias, un abrazo fraterno.

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