HOMILÍA DE NOCHEBUENA




Por P. Enrique Barrera


La alegría afectiva brota por lo que nos pasa y consideramos como bueno, aún cuando en algunos casos objetivamente no lo sea. Esta alegría pasa cuando pasa lo bueno o cuando nos sucede algo triste o desagradable, de allí que se diga que es una alegría que se alimenta del sentimiento de lo padecido o experimentado.

Desde este punto de vista, quizá mucho de lo que nos ha sucedido, y probablemente, algo de lo que nos acontece aún en este año, puede llevarnos a pensar que no vale la pena alegrarnos en esta Navidad.

La alegría espiritual, más profunda que la primera, brota por la conciencia de una realidad de fe: Dios nos ama y por eso se hace cercano, encarnándose en el seno purísimo de la Virgen Madre. A diferencia de la alegría afectiva, la alegría espiritual permanece a pesar de lo que nos pasa, sea ello bueno o malo. El corazón humano, en lo más íntimo de su ser, alcanza a darse cuenta que pase lo que pase, la vida está en las manos de Dios, pues "en él somos, nos movemos y existimos" (Hechos 17,28). La alegría espiritual, pues, se asienta en un convencimiento, más que en un sentimiento. Y desde este punto de vista, siempre es posible alegrarnos en la Navidad.

El profeta Isaías parece manifestar esta alegría espiritual cuando exclama: "Acreciste la alegría, aumentaste el gozo...Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva al hombro el principado, y es su nombre: Maravilla de Consejero, Dios guerrero, Padre perpetuo, Príncipe de la paz" (Isaías 9, 3.6). La alegría espiritual que brota de la Encarnación del Hijo de Dios, es una alegría que alcanza incluso a toda la creación, no solo al ser humano, pues la Encarnación es el inicio de la "Nueva Creación". Se podría decir que es una alegría con alcance cósmico. A esta alegría se refiere el salmista cuando exhorta: "Alégrese el cielo, goce la tierra, retumbe el mar y cuanto lo llena; vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, aclamen los árboles del bosque"(Salmo 95, 11-12). Hasta la creación inconsciente es "invitada" a alegrarse por la Encarnación de Jesús, el Hijo de Dios. ¡Si grande es el bien que de ella se desprende para el ser inconsciente y natural, cuánto más grande no será el bien para el ser humano, cuando es consciente de su gran dignidad y vocación!

La creación entera se renueva desde la Navidad del Señor, es decir, la creación es vista de un modo nuevo desde Cristo. La creación y todo cuanto ocurre en ella es camino para encontrarnos con Dios (Cfr. Romanos 1, 19-20), el verdadero Dueño de todo cuánto existe.

Esta es la alegría de la Navidad, la alegría del sentido, la alegría que otorga esperanza. La alegría que cambia la visión de la vida, de la existencia y de lo que ocurre en ella. La alegría de la Navidad es la alegría de saber que no estamos solos, que Dios es compañero de camino. La alegría que nos da la capacidad de afrontar la prueba con esperanza; la paz de ver el sufrimiento propio y de quienes amamos, desde la sabiduría de la fe; la audacia de sobrellevar la incertidumbre del tiempo presente, con el ejercicio de una caridad cercana y concreta. La Navidad de Cristo da la esperanza que otorga la prudencia para superar los diversos tipos de crisis; la convicción de saber que toda lucha por la verdad engendra a la larga verdadero humanismo.

Mientras se nos invita a guardar distanciamiento físico y cuidar ciertas medidas sanitarias, en esta Navidad contemplamos también a Cristo que se nos acerca por medio de su amor, de su ayuda, de su poder. Es el Dios que nos recuerda que él no guarda distancia de cada hombre y mujer que lo necesita. Es el Dios que no busca hacerse promoción cuando ayuda al ser humano, sino que busca promocionar al ser humano porque realmente lo ama. Es el Dios encarnado en la Virgen María, y que también está dispuesto a "encarnarse" en nuestra situación, en nuestra realidad, no solo para adornarla con su presencia, sino para transformarla. Dios no es adorno en la vida humana, sino la fuente de su transformación.

Hoy es Navidad porque Cristo se encarnó y nació de nuestra Santísima Madre, no hay otra razón. Y es desde este nacimiento que "ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres" (Tito 2, 11). Nunca lo olvidemos. Hagamos opción por Cristo y no por el sinsentido en nuestras vidas. Dios nos ayude a ello. ¡¡¡Bendecida Navidad!!!






Comentarios